Corría, corría sin detenerme, aunque me faltaba el aliento.
Llegué al hospital y pregunté a una enfermera por la habitación, asustado. Con el corazón en la mano.
Subí las escaleras de dos en dos, lo más rápido que pude y sin dejar de correr por los pasillos, hallé su habitación.
Tomé aire y abrí la puerta.
Allí lo ví... tumbado en la camilla, rodeado de todos esos bártulos que le habían puesto los médicos.
Parecía que dormía. Me senté a su lado.
-Siento haber llegado tarde...-le cogí la mano- Siento haber estado todos estos años sin hablarte, por mi estúpido enfado...Lo siento de verdad, hermano... Me arrepiento tanto...- No pude controlar las lágrimas.
Abrió los ojos.
-Marck..?-susurró con voz débil.
-Sí, soy yo...
-Marck...-sonrió- gracias por venir.
-No tienes que dar las gracias, tan solo perdóname por todo. Cuando me enteré lo del accidente me sentí fatal, pensaba que te perdería para siempre y no sabrías que me arrepiento de todo lo que pasó...-Me apretaba la mano mientras hablaba.
-Eso es algo pasado, no tienes que disculparte, ¿vale? Me siento muy feliz... de volver a verte, te eché de menos, hermanito...
-Yo también... y cuando te pongas bien saldremos otra vez, ¡como los viejos tiempos!
-Claro... no nos volveremos a separar nunca.
Le abracé con cuidado y me devolvió el abrazo.
Cuando me aparté al cabo de un rato, vi como tenía los ojos cerrados y una sonrisa en su cara.
Su corazón dejó de latir.
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